Los profetas y la cuestión social

Aunque la doctrina social de la Iglesia se estructuró de modo sistemático a partir de la encíclica “Rerum novarum” del papa León XIII, publicada en 1891, los temas sociales siempre han estado presentes en la conciencia cristiana, pues forman un campo ético de particular importancia. El planteamiento de las cuestiones sociales, tomando el término en sentido amplio, aparecía ya en el Antiguo Testamento. No es para menos, puesto que somos seres sociales e incluso en las culturas antiguas no faltan referencias importantes a estos temas.

Uno de los períodos en que se destacaron con especial fuerza las cuestiones sociales en el Antiguo Testamento fue el del profetismo, que podemos considerar a partir de la implantación de la monarquía, en el décimo siglo antes de Cristo, hasta el siglo IV antes de Cristo. Naturalmente estos límites son discutibles y antes y después de este período se puede hablar de alguna forma de profetismo. Sin embargo, esta es la época que dio lugar a los escritos proféticos de la Biblia.

En los profetas se puede encontrar muy claramente un reclamo a lo que hoy llamaríamos justicia social. De hecho el cántico de la Virgen María (“Magnficat”) cuando visita a Isabel está construido sobre textos del Antiguo Testamento, por ejemplo de Isaías, Ezequiel y Miqueas, precisamente cuando afirma que el Señor “derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes” y que “colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías”.

En la enseñanza católica se toma la enseñanza profética para muchos temas. El “Compendio de la doctrina social de la Iglesia” contiene 31 referencias al profeta Isaías, cinco a Jeremías, una a Baruc, cinco a Ezequiel, cuatro a Oseas, tres al profeta Amós, tres a Migueas, una a Sofoníasm una a Ageo, dos a Zacarías y dos a Malaquías.

Otro ejemplo de la importancia de los profetas es el tema de la paz, sobre el que tanto insistieron los pontífices del siglo pasado y de este, no solamente cuando se desataron los gigantescos conflictos de las guerras mundiales sino constantemente, ante la facilidad de recurrir a las armas que suele darse en el mundo. El tema está, pues, inspirado en gran medida en la predicación de aquellos hombres, los profetas bíblicos, que arriesgaron muchas veces sus vidas por arriesgarse a despertar la conciencia de los hombres de su tiempo.

Hoy en día requerimos reflexionar sobre la justicia y la paz. Si bien el mundo es diferente en muchos aspectos, sin duda sigue siendo verdad que la solución a nuestros graves problemas se encuentra en la conversión de nuestros corazones, como lo hacían notar los profetas.

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