Inicio / ¿Quiénes Somos? / Nuestra Espiritualidad

La Espiritualidad de Cristo Rey es un don del Espíritu Santo para toda la Iglesia y los Cruzados de Cristo Rey hemos querido adherirnos a ella como la forma propia de seguir a Jesucristo. Es posible afirmar que la espiritualidad de Cristo Rey está formada por cuatro vertientes, la cuales se vieron unificadas en el Congreso Eucarístico Nacional de México y han sido confirmadas por la autoridad de la Iglesia Universal como pertenecientes y muy adecuadas para vivir esta espiritualidad.

Vertiente Eucarística

En este sacramento Jesús está presente real, verdadera y substancialmente; aquí está nuestro Salvador en medio de su pueblo, en él se encuentra el corazón exhausto por nuestra salvación, que ha sido traspasado y en el que está la sangre derramada por nuestra salvación.

Aquí tenemos el memorial de sus maravillosas obras. El Calvario con su misterio de amor se renueva en el altar en cada Misa, pero también el Cielo con toda la gloria de nuestro Señor resucitado, quien habiendo muerto una vez no muere más, de modo que está con nosotros hasta la consumación de los siglos. Dios en medio de su pueblo. Aquí podemos acercarnos a Él, ver y probar cuán dulce es su presencia; aquí podemos verlo con los ojos de la fe, a través de las formas eucarísticas, en la continuación de su misión salvadora. Aquí podemos aprender a ser pobres, obedientes, pacientes, y aceptar con entereza todo sufrimiento. Aquí arde el amor que debe llenar nuestros corazones con el deseo de expiar, porque el amor es más grande que la muerte y puede encender el mundo con su fuego.

Leer más...

Vertiente Expiatoria

El Papa Pío XI en la Encíclica Misserentissimus Redemptor, sobre la expiación que todos deben al Sagrado Corazón de Jesús, enseña que la consagración a Cristo Rey debe completarse con la expiación al Sagrado Corazón de Jesús.

Para perpetuar este aspecto de la espiritualidad el Papa Pío XI estableció que en el día dedicado a celebrar el Sagrado Corazón de Jesús, se recitara obligatoria y públicamente “El Acto de Desagravio al Sagrado Corazón de Jesús” y fuera enriquecido con indulgencia plenaria.

Vertiente Apostólica

La vertiente apostólica de la espiritualidad de Cristo Rey se puede considerar apoyada en la exhortación de San Pablo: “es necesario que Él reine”, preocupación que se quiere llevar a todos los campos de la vida del hombre, llamado al seguimiento del Reino de Cristo.

Pío XII habla de esta espiritualidad apostólica en su primera encíclica: “Un poderoso ejército de jóvenes de ambos sexos, aún en aquellas regiones en las que la fe en Cristo implica una persecución inicua y toda clase de sufrimientos, permanece impávido junto al trono del Redentor con una fortaleza tan segura que hace recordar los heróicos ejemplos del martirologio cristiano. Si en todas partes se diera a la Iglesia, maestra de la justicia y de la caridad, la libertad de acción a la que tiene un sagrado e incontrovertible derecho en virtud del mandato divino, brotarían por todas partes riquísimas fuentes de bienes, nacería la luz para las almas y un orden tranquilo para los Estados, se tendrían fuerzas necesariamente valiosas para promover la auténtica prosperidad del género humano. Y si los esfuerzos que tienden a establecer una paz definitiva en el interior de los Estados y en la vida internacional se dejasen regular por las normas del Evangelio -que predican y subrayan el amor cristiano frente al inmoderado afán de los intereses propios que sacude a los individuos y a las masas-, se evitarían, sin duda alguna, muchas y graves desdichas y se concedería a la humanidad una tranquila felicidad”.

El Papa San Juan Pablo II, en su primera encíclica Redemptor Hominis, explicó la manera en que la vida cristiana participa de la misión regia de Cristo, que no es otra cosa sino seguir a Cristo como Rey, es decir reinando por medio del servicio, pues como enseña el Señor: “quien quiera ser más grande entre sus hermanos debe convertirse en su servidor”.

Leer más...

Vertiente Mariana

El 31 de Octubre de 1942, el Papa Pío XII manifestó: “así como fueron consagrados al Corazón de vuestro Hijo Jesús la Iglesia y todo el género humano, para que, puestas en Él todas las esperanzas, fuese para ellos señal y prenda de victoria y de salvación; de igual manera, oh Madre nuestra y Reina del Mundo, también nos consagramos para siempre a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, para que vuestro amor y patrocinio aceleren el triunfo del Reino de Dios, y todas las gentes, pacificadas entre sí y con Dios, os proclamen bienaventurada y entonen con Vos, de un extremo a otro de la tierra, el eterno Magníficat de gloria, de amor, de reconocimiento al Corazón de Jesús, sólo en el cual pueden hallar la Verdad, la Vida y la Paz”.

Más tarde, mediante la encíclica Ad Coeli Reginam (11 de Octubre de 1954) estableció la fiesta litúrgica de María Reina, que se debía celebrar el 31 de mayo. En esta encíclica explica el íntimo misterio entre Jesucristo Rey y María Reina, cuyo título la Iglesia siempre ha reconocido.

Leer más...

Para saber más…